Crítica de Leedor.com Sitio de Cultura

El mensajero, dirigido por Ita Scaramuzza, respeta el modo airiano de narrar y encuentra su condición de posibilidad en una espera. En las Salinas Grandes, Cafulcurá aguarda que el mensajero le traiga noticias sobre la batalla que libran en El Despeñadero los vorogas contra los huiliches-mapuches. Desde el inicio del drama todo lo que el espectador supone como un ya sabido está desrealizado. Una mujer con un megáfono lo pone en situación de dónde, cuándo y porqué de los hechos. Dos machis inútiles para la guerra ensayan ser un caballo, la entrada de Cafulcurá no es menos disruptiva: el cacique como otros indios del universo literario de Aira, es rubio, viste deportivo y reflexiona sobre las posibilidades de lenguaje. Toda la obra mantiene en su transcurrir un coro extrañado que profiere sonidos a la vez que parece ensayarlos por si hay victoria. Muy pocas veces el silencio absoluto deja a los personajes a la intemperie de sus parlamentos. Podría decirse que hay drama por que de fondo hay una batalla pero da lo mismo que sea cuerpo a cuerpo o que sea un duelo de palabras.

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